jueves, 25 de mayo de 2017

MAYO. Charles Lindbergh logra cruzar el atlántico en avión por primera vez


El 21 de mayo de 1927, el joven piloto e ingeniero norteamericano Charles Augustus Lindbergh (Detroit 1902 – Maui 1974) aterrizó en el aeropuerto de Le Bourget (París) tras haber cruzado el océano Atlántico sin escalas y en solitario en un tiempo de 33 horas y 30 minutos procedente de Nueva York.
En 1919 decidió optar a un premio de 25 000 dólares ofrecido por el filántropo francés nacionalizado estadounidense Raymond B. Orteig para el primer piloto que realizara un vuelo trasatlántico sin escalas entre Nueva York y París. Lindbergh decidió aceptar el reto y en su monoplano de un solo motor Ryan NYP (un Ryan M-2 modificado), bautizado como Spirit of St. Louis. Su avión se llamaba así en honor de los dos industriales luisianos que le permitieron abordar su reto. Ambos lograron un préstamo de 15.000 dólares, mientras que Lindbergh aportó otros 2.000 de su propio bolsillo y la Ryan Aeronautical Company otros 1.000 que sumaron un total de 18.000 dólares, una cifra muy inferior a la de sus rivales en la prueba. El monoplano, presupuestado en 10.850 dólares, fue fabricado en San Diego (California).
Partió el 20 de mayo de 1927 del aeródromo Roosevelt (Long Island) y al día siguiente alcanzó su destino. Al llegar, sus primeras palabras fueron "Bueno, lo conseguí". Tras convertirse en un nuevo héroe nacional para los estadounidenses, Lindbergh regresó a Washington  escoltado por un buque militar y recibido por el presidente Coolidge acompañado de una gran multitud. Posteriormente recibió la Medalla de Honor del Congreso y la Cruz de Vuelo Distinguido.

viernes, 12 de mayo de 2017

LA PORTADA DE LA SEMANA. Puesto de horchata


La presente portada corresponde a un ejemplar de la revista "Nuevo Mundo", concretamente el número 542 fechado el jueves 26 de mayo de 1904. En la imagen se observa un puesto de horchata, una de las muchas escenas de la vida cotidiana de nuestro país que dicha publicación acostumbraba a ofrecer y cuyos fotógrafos sabían captar muy bien.
Y es que precisamente estos días de calor nos avisan de la proximidad del verano, unas temperaturas que preludian unos meses secos y soleados para la mayoría. Por ese motivo, nada más adecuado que refrescarse con una bebida tan típica y querida como es la horchata, y de cuya imagen podemos apreciar cómo eran las antiguas paradas, siempre tan entrañables.